Trump contra México: perspectivas de una crisis, por Luis Álvarez

La candidatura del ahora presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, inició con un insulto directo contra todos los mexicanos: “Cuando México nos manda a su gente, no nos manda a los mejores. Nos mandan gente con muchos problemas, y traen sus problemas con ellos. Nos traen drogas. Nos traen crimen. Son violadores”.

No hubo una sola voz que defendiera a México o señalara el racismo y lo equivocado de las palabras de Trump. El éxito inesperado de este ataque directo a México, a los mexicanos y a los inmigrantes latinoamericanos impulsó su campaña, y Trump se siguió de largo.

Durante la precampaña los insultos y los ataques escalaron: México se robó millones de empleos; México destrozó la industria norteamericana. “Si llego a presidente construiré un gran, bello muro y deportaré a todos esos ilegales criminales”, amenazó.

Contra todo pronóstico, Trump arrasó en la primaria republicana y se convirtió oficialmente en candidato republicano. Los ataques contra México seguían viento en popa. Incluso acusó a un juez federal a cargo del juicio en contra de la fraudulenta Trump University que estaba sesgado en su contra “porque era mexicano” (Gonzalo Curiel es hijo de inmigrantes jalisciences, pero nació en Indiana).

Ante todo esto, el gobierno mexicano reaccionó mal y tarde con una acción inesperada al invitar a Donald Trump a reunirse con el presidente mexicano Peña Nieto en la residencia oficial de Los Pinos. Muchos electores y medios en Estados Unidos interpretaron el tratamiento del candidato como jefe de estado que le brindó gobierno mexicanocomo una enorme concesión que le daba la razón a Trump. Era cierto, se podía salir con la suya insultando y humillando a Peña Nieto, incluso redoblando sus ataques ese mismo día tan pronto regresó a Estados Unidos al anunciar su radical política migratoria que haría que México pagara el muro al mismo tiempo que deportaría a millones de “criminales mexicanos”. La visita le dio a a Trump un aire presidencial, algo que necesitaba urgentemente y que cambió el rumbo de su campaña.

Al percibir la enorme debilidad de Peña Nieto ante un candidato presidencial, las críticas de la opinión pública fueron tan generalizadas y tan rotundas que provocaron la renuncia de Luis Videgaray, el secretario de Hacienda que organizó la reunión por encima de las recomendaciones de diplomáticos más experimentados.

Trump sacudió al mundo con una muy cuestionada victoria electoral en la que su discurso no se moderó un ápice. Videgaray regresó al gabinete presidencial, ahora convertido en flamante Secretario de Relaciones Exteriores, e incluso admitió su falta de experiencia diplomática, pero cuya única virtud era su supuesta cercanía con el equipo de Trump. Inmediatamente fue despachado a Estados Unidos a “negociar” con el nuevo gobierno norteamericano y allanar el camino de una visita del presidente Peña Nieto, para toparse al llegar a Washington con el anuncio de la firma de la orden ejecutiva del ahora presidente Trump ordenando la construcción del muro y la deportación de los “ilegales criminales”.

En estos momentos estamos discutiendo el fracaso diplomático de México, y los ataques directos de Trump a través de su amado Twitter que acabaron forzarando a Peña Nieto a tomar la postura de no pagar el muro y cancelar su reunión con el presidente norteamericano. La administración Trump dejó flotar la amenaza de imponer un arancel del 20% a todas las importaciones de productos mexicanos para “pagar al muro”, lo que ha desatado una crisis sin precedentes en la centenaria relación con Estados Unidos, una situación no vista desde la invasión a México en 1847.

Todos estos antecedentes nos indican que lo que inició como una postura política demagógica que no se previó, está por convertirse en una crisis económica que afectará profundamente a miles de empresas que dependen del comercio con Estados Unidos y Canadá. El gobierno de México dejó en claro que ha sido rebasado por esta situación y apenas está formulando una respuesta, l que tiene que formular a la brevedad.

La crisis nos enfrenta a amenazas e incertidumbres, pero también crea oportunidades y cambios disruptivos que ayudan al crecimiento, siempre y cuando se tenga una estrategia que permita aprovechar dichas oportunidades.

La economía mexicana sustituyó su dependencia de la producción petrolera por la dependencia en el TLC/NAFTA y perdió de vista las oportunidades que ofrecen el desarrollo de la economía interna y la exploración de nuevos mercados como Europa, Asía y Latinoamérica, este último siempre despreciado y poco entendido, particularmente en Brasil y Centroamérica.

El aislacionismo que propala el nuevo presidente de Estados Unidos va a crear vacíos económicos que podrán ser llenados por las empresas mexicanas que conocen otros mercados, particularmente las de logística, que son las que tendrían que encabezar este esfuerzo de llevar a la economía mexicana mucho más lejos y convertir al país en un verdadero motor económico global. Las ventajas que tenemos son obvias: gran talento humano y cosmopolita, competitividad financiera, recursos naturales y una capacidad instalada capaz de atender la demanda global de productos, servicios y alimentos.

Y no hay que perder de vista otra cosa: esta crisis es temporal. Trump puede durar 4 años, incluso 8, pero el péndulo va a cambiar. Tenemos que lanzar como país e industria una campaña de posicionamiento que le permita a los norteamericanos ver a México como algo más que tequila y playas, que le comunique al granjero que votó por Trump en Iowa la importancia de tener a México como aliado comercial y gran cliente de sus cultivos de grano, al mecánico en Detroit que usa piezas mexicanas para ensamblar el coche que será vendido en México es lo que le permite tener empleo, y que incluso el día que decida jubilarse, puede vivir en México donde su dinero rinde más, con atención médica de calidad que en Estados Unidos no va a poder pagar.

Esta crisis creció por falta de una estrategia que contuviera los ataques de Trump y que explicara de manera adecuada la importancia de México y los mexicanos para la vida de los Estados Unidos. Es hora de trabajar en una estrategia que termine por posicionar a México como una potencia económica mundial. Esta crisis es la oportunidad para dar ese gran paso.

Por Luis Álvarez, Director de Bluemarketing.

Publicado originalmente en The insight, http://theinsight.mx/opinion-trump-contra-mexico-perspectivas-crisis/

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